El Numero Nueve. 2013

Ten cuidado, que el piso es resbaloso.

Todo está en perfecta calma, todo es silencioso,

hasta que logro escuchar mis pisadas en aquel piso lodoso.

Su respiración me acosa, él es realmente afectuoso.

Poso mi mano en aquel árbol blanco y seguido resbalo,

mi cordura existe pero en confusos intervalos,

estoy bastante por encima, estoy en un dédalo,

es una mañana maravillosa, él me ha dejado regalos.

Una pepsini de alas negras.

Un moho plateado que te alegras.

Me ha dejado ocho legras.

Tres flores verdinegras.

Todo en silencio menos aquel-

guardado en formol un dulce raquel.

¡Si me viera ahora el ángel Haziel!

¡Si oliera mi perfume oloroso a laurel!

Mis alas son de plata pues es Haziel quien me protege,

¡No dejes que se vaya! ¡no dejes que se aleje!

Bailando y girando por el eje,

no dejes que me bosqueje,

no dejes que me corteje.

El frío me prende, el frío me quema,

¡Haziel, Haziel!

Mil almas en pena.

¡Haziel, Haziel!

Desnuda cual sirena.

Tú me excitas, tú me envenenas,

revolcándome cual puta

¡Aquella que tanto amenas!

Déjame libre,

déjame como la azucenas,

déjame adentrarme entre tus sabanas de seda.

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